Horarios visuales para peques autistas: una guía para padres.

Todo lo que hay en esta página viene de hacer cientos de estos horarios para mi propio hijo, y de equivocarme muchas veces primero. Es la guía que me hubiera gustado que alguien me diera a mí.

Qué es realmente un horario visual

Un horario visual es una lista de imágenes, en orden. Ese es todo el truco. Despertarse, baño, cepillarse los dientes, vestirse, desayunar, zapatos. Una imagen por paso, puesta donde ocurren los pasos, para que su peque pueda ver qué toca ahora y qué viene después sin que nadie diga una palabra.

No es una tabla de conducta. No hay puntos, ni premios, ni nada que perder. Se parece más a la pantalla de salidas del aeropuerto: nadie se gana la información, simplemente está ahí, para todos, todo el tiempo. Eso es lo que la hace calmante en vez de exigente.

Por qué las imágenes funcionan cuando las palabras no

Las palabras habladas llegan una por una y luego desaparecen. Para muchos peques autistas, sobre todo en un momento difícil, sostener una frase en la cabeza mientras hacen lo que la frase pide es trabajo de verdad. Una imagen se queda quieta. Su peque puede mirarla, apartar la vista, pasar un momento difícil, regresar, y ahí sigue, diciendo lo mismo con la misma calma.

La otra mitad es la certeza. La mayoría de los momentos difíciles en nuestra casa nunca fueron por la cosa en sí. Eran por no saber qué venía después. Un horario responde la pregunta que su peque quizá no puede hacer: ¿qué pasa después de esto? Respóndala con imágenes, con anticipación, todos los días, y le quita la sorpresa a la vida diaria. La sorpresa les cuesta cara a nuestros peques.

Cómo hacer el primero

Empiece más pequeño de lo que piensa. No el día entero: un solo tramo difícil. Si las mañanas son la batalla, haga un horario de la mañana con cinco o seis pasos y deténgase ahí. Use sus propias palabras para cada paso, tal como las dice en voz alta, porque el horario funciona mejor cuando suena como su casa.

Después deje que su peque lo cambie. Que cambie una imagen, que reordene un paso, que agregue ese paso raro que solo a su peque le importa. Un horario que su peque ayudó a hacer es un plan; un horario impuesto desde arriba es una exigencia. El creador de horarios de esta página les deja tocar y cambiar lo que sea, y luego imprimir una sola página limpia.

Si no sabe qué pasos escribir, empiece desde un momento real: tenemos puntos de partida listos para las mañanas, la hora de dormir, el dentista y más de cuarenta momentos. Todos se pueden editar, porque su peque no es una plantilla.

Dónde se cuelga importa

Ponga el horario donde ocurre el momento, a la altura de los ojos de su peque. El horario de la mañana va en el espejo del baño o en el refrigerador, no en una carpeta. El horario de salir de casa va junto a los zapatos. Cuando la imagen está en el cuarto, la imagen es la que recuerda, y usted deja de ser la persona que repite. Ese traspaso del trabajo, de su voz al papel, es lo que más notan las familias.

Marcar los pasos cumplidos importa más de lo que parece. Una casilla convierte “sobrevivir la mañana” en una serie de pequeñas cosas terminadas. Imprima con las casillas, cuelgue un lápiz con un cordón al lado, y listo.

Cuando deja de funcionar

Los horarios se desgastan de tres maneras. Los pasos se volvieron demasiado fáciles: acórtelos o quítelos, su peque se graduó. El horario se volvió parte de la pared: muévalo, o reconstrúyanlo juntos para que vuelva a ser suyo. O los pasos nunca fueron el problema: si todos los días se rompen en el mismo paso, ese paso esconde algo (un sonido, una textura, una transición), y el horario solo le mostró dónde mirar. Esa última es el horario haciendo su mejor trabajo, aunque se sienta como un fracaso.

Y hay días en que nada funciona. Así es acompañar a un peque autista, no es un defecto de su laminadora. El horario seguirá ahí mañana.

El resto de la familia

Un horario muestra orden. Sus parientes resuelven, cada uno, un momento distinto. Una tarjeta primero-luego es la versión de dos pasos para un momento atascado: primero el dentista, luego a casa. Una historia social recorre algo nuevo o que da miedo con frases tranquilas en primera persona, antes de que pase. Un tablero de opciones entrega el control: su peque señala lo que quiere en vez de tener que encontrar las palabras. Y un calendario semanal aleja la vista para que la natación del jueves no sea una sorpresa el jueves.

Empiece con el horario. Agregue los demás cuando un momento los pida.

Haga uno ahora

Todo lo de esta página es gratis, se imprime en una sola página y no guarda nada sobre su peque. Escriba unas palabras tal como las diría, y las imágenes se acomodan solas.

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Escrito por Dave, el papá de Dylan. Más sobre nosotros aquí.